El malestar en la cultura catalana

Màrius Serra a La Vanguardia

19 març 2009 · Feu un comentari

Ja fa bastants dies que l’escriptor Màrius Serra va publicar una columna sobre El malestar a La Vanguardia (3.2.2009), però fins ara no he tingut ocasió de penjar-la al bloc. Com deia la setmana passada, els últims mesos han estat una mica complicats i encara m’estic posant al dia. De totes formes, aquí sota transcric el text complet del comentari de Màrius Serra:

Lo normal y lo excepcional

Estos días se viene celebrando el vigésimo aniversario del Consorci per a la Normalització Lingüística en actos descentralizados. Hoy, por ejemplo, en el Centre de Lectura de Reus. La tarea del CPNL es valiosa y más necesaria que nunca, pero el concepto que lo alienta es perverso. Desde el inicio de la transición, el simple deseo de normalización implicó la fantasía de una normalidad preexistente que recuperar. Eso es radicalmente falso. La zanahoria tras la que corríamos es del mismo tipo de plástico que las liebres de los canódromos. Sirve de acicate para mover el culo, pero evita que fijemos la atención en los límites de la pista circular por la que corremos, para gran descanso de su propietario, que nos sabe ocupados dando vueltas por nuestra fantasía de normalidad sin afrontar el conflicto de poder que nos hace una cultura invisible. En realidad, no podemos aspirar a ningún tipo de normalidad porque somos excepcionales, y sólo cuando actuamos como tales conseguimos una cierta visibilidad. En un interesante ensayo titulado El malestar en la cultura catalana (Empúries), el doctor en lenguas modernas por la Universidad de Cambridge Josep-Anton Fernàndez argumenta extensamente sobre los efectos colaterales del ensueño normalizador. Fernàndez ejerce de despertador al afirmar que “els catalans som però no existim” y se acoge a Zizek para asegurar que lo contrario de la existencia no es la no existencia, sino la insistencia. Sólo mediante la tozuda insistencia en nuestra manera de existir conseguiremos afrontar el conflicto y emanciparnos. La mirada de Fernàndez supera el habitual (y fatigoso) debate necrológico sobre la cultura y la lengua catalana acogiéndose inesperadamente al imaginario zombi: “Siguem radicalment optimistes – concluye-: nosaltres i la nostra cultura no ens podem morir, ni ens poden matar, perquè ja estem morts”. Y apuesta por una emancipación gozosa que acabe con este malestar zombi.

Leyendo a Fernàndez he pensado en Guardiola. No precisamente por ser un paladín del optimismo, ni por sus excepcionales dotes futbolísticas, sino por un perqueño detalle lingüístico que no merece pasar desapercibido. Tras la exitosa primera vuelta de la Liga, Pep Guardiola ha visitado ya la mitad de los estadios de la LFP. La última sala de prensa que ha pisado es la de El Sardinero cántabro. Desde el primer día estableció que en sus comparecencias de prensa oficiales respondería en catalán a las preguntas que se le formularan en catalán, en casa y fuera de casa. Y lo cumple. Al principio hubo quien se rebotó al no entender ni querer entender sus respuestas, pero Guardiola se mostró paciente y llegó a decirle a un periodista andaluz que le dedicaría todo el tiempo que requiriese, aunque le llevara tres cuartos de hora. Al poco, decidió ordenar las intervenciones y ahora fuera de casa responde primero a las preguntas en castellano y luego en catalán, con toda naturalidad. Su actitud coincide con una época de grandes éxitos, exenta de crispación futbolística, pero el protocolo ya está formalizado, el conflicto desactivado y el espacio ganado. El quehacer de Guardiola es, también en este detalle, un éxito excepcional, máxime cuando se da en territorios tradicionalmente hostiles. El Barça es el Barça, pero existen otros espacios deportivos liderados por protagonistas catalanohablantes en los que nunca podemos oír nuestra lengua. Y no sólo por desidia o por timidez. En el mundo del motor, ciertos patrocinadores obligan por contrato a sus pilotos a hacer las ruedas de prensa en inglés o en castellano.

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